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sábado, 9 de marzo de 2013

Vídeo "Gracias, Grecia", se divulga por toda Grecia

El pasado 7 de febrero sobre las 14 horas se proyectó en un canal nacional de la televisión griega el vídeo Gracias, Grecia. Nuestra herencia. Tras ello aumentó de forma espectacular el número de visitas a youtube. Lleva ya casi 200.000 visitas. 

  Y no solo eso, varios periódicos griegos se han interesado por el vídeo y el transfondo (todo el evento de Yo conozco mi herencia, ¿y tú?) como el Eleftheros Typos y 6 Days y van a entrevistar a su creador Arístides Mínguez. Asimismo Julia Livaditi, agregada de prensa de la Embajada de Grecia en España, también ha escrito a la asociación felicitandonos por el vídeo y solicitando permiso para utilizarlo en la Semana de cultura griega que se se va a realizar en Avila los días 18 al 24 de febrero para proyectarlo en la conferencia de prensa anterior a la conferencia y en el propio acto inaugural. Asimismo se ha puesto en contacto con Arístides Minguez para felicitarle personalmente.
 El guión del vídeo es de Arístides Mínguez y Alfredo López y el montaje y dirección de Pedro Pruneda. Muchas gracias por vuestro vídeo. 

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=Rc9RnwPXoJ0
La noticia está siendo publicada por la prensa electrónica y como muestra un botón: 

La ciudad de los desechos

El hormigueo de hombres que viven de la chatarra muestra una ciudad en la que también ellos son considerados.

Judit Carrera. 9 de marzo de 2013

De las calles de Atenas llegan ecos de pobreza y xenofobia que la alejan de la polis que un día fundó la civilización europea. Hoy, las imágenes de una ciudad sumida en la exclusión social y la violencia son las ruinas de ese ideal de ciudad basada en la igualdad y la libertad que inspiró al resto de Europa. Los efectos de la crisis económica y el racismo son cada vez más visibles en los espacios públicos de la capital griega. Si el destino de Grecia es premonitorio del futuro de Europa, observar lo que pasa en sus calles puede ser instructivo a la hora de prever el impacto de la crisis en nuestras propias ciudades.
En Barcelona, la pobreza, que de manera más directa afecta al 30% de sus habitantes, aún no se ha hecho visible con la misma crudeza en el centro de la ciudad. El ligero repunte de los sin techo no parece proporcional al aumento de la desigualdad social que, por el momento, queda confinada en los espacios privados, donde las redes familiares siguen ofreciendo un colchón de protección.
Probablemente, el fenómeno más nuevo y visible de la exclusión social sea la presencia cada vez más numerosa de personas, en su mayoría hombres, que subsisten de los residuos que extraen de los contenedores de basura y transportan en carros de supermercado. El hormigueo de estos hombres que sobreviven gracias a la chatarra traza el mapa de una ciudad paralela, con unos circuitos más o menos visibles, y ofrece dos grandes lecciones.
Las basuras son constitutivas de todo orden social que, para sostenerse, necesita establecer fronteras claras entre lo que tiene valor y lo que es desechable
La primera es que confirma que el concepto de residuo es siempre relativo. A la basura van a parar los restos, los objetos carentes de uso o de valor, todo aquello que se ha convertido en superfluo o innecesario. Pero como señalaba la antropóloga Mary Douglas, ningún objeto es residuo por sus cualidades intrínsecas. Los rebuscadores de nuestras calles lo demuestran constantemente dando una nueva vida económica a la basura, obteniendo ingresos ínfimos por toneladas de objetos, reciclando materiales o arreglando electrodomésticos y aparatos tecnológicos que, a pesar de haber sido programados para ser obsoletos, acaban renaciendo en países en desarrollo.
Que las basuras tienen valor también lo sabe el Ayuntamiento de Barcelona, que en el año 2011 dejó de ingresar dos millones de euros por la disminución de los residuos debida al descenso de la actividad económica pero también, atención, al robo de lo que una vez lanzado al contenedor pasa a ser “propiedad” municipal. En julio del 2012 se habían impuesto 2.000 multas por extracción de materiales de los contenedores. No están las arcas municipales para perder dinero, aunque sea a costa de tanta miseria.
Las basuras son constitutivas de todo orden social que, para sostenerse, necesita establecer fronteras claras entre lo que tiene valor y lo que es desechable, entre lo puro y lo impuro, entre lo útil y lo que debe morir. Los residuos nos dicen mucho de una sociedad. Son excedentes y, como tales, la parte sobrante de un mismo cuerpo. El problema es cuando la distinción entre objeto de valor y residuo se extiende a las personas. La creación de excedentes humanos es inherente a la modernidad, lo fue en la colonización y lo es ahora en la globalización.
Los chatarreros con carro —y esta es la segunda conclusión— prueban la existencia de residuos humanos en nuestra ciudad. Estos hombres son mayoritariamente inmigrantes, que han llegado aquí porque, como la basura, en algún sitio habían dejado de tener su lugar. Algunos llevaban años trabajando en la construcción, pero han sido expulsados porque, como la basura, han dejado de ser útiles. Hoy, en pleno corazón de Europa, estas poblaciones sobrantes son juzgadas como intrusas y privadas de cualquier derecho. En algunos casos, se les niega incluso el agua de las fuentes públicas. Molestan porque nos recuerdan la fragilidad de la condición humana contemporánea y preferimos que sean invisibles porque, como los residuos, son el espejo de nuestra sociedad.


La crisis pone en riesgo la lucha para frenar el VIH en Grecia

Las infecciones entre consumidores de drogas por vía intravenosa aumentan


Las ONG tienen menos fondos para actuar

La UE advierte del paralelismo con la situación de otros países

Atenas










“No hay manera, no hay manera”. Meni Malliori lo repite mientras repasa las cifras del presupuesto anual de su organización. Es la presidenta de Okana, la mayor red de centros de Grecia para la prevención y el tratamiento de la adicción a las drogas. Desde hace meses no sabe cómo el servicio podrá continuar tras los recortes en la financiación estatal que llega justo cuando en el país hay un aumento sin precedentes de casos de VIH entre los usuarios de droga por vía intravenosa. Si en 2010 las infecciones registradas entre estas personas eran 14, en 2011 subieron a 206 y en 2012, hasta el pasado octubre, último dato disponible, se detectaron 487 casos en este colectivo, que se ha convertido por primera vez en el principal grupo de riesgo.
La situación es anómala. En la mayoría de Europa el principal grupo afectado es el de los homosexuales. En España, por ejemplo, representaron el 53,7% de los nuevos diagnósticos, frente al 5,4% de los consumidores de drogas. Pero el resto de los factores (crisis generalizada, recorte de los presupuestos de las ONG) son comunes a España y Grecia, por lo que las autoridades sanitarias europeas piden vigilancia.
Más sustancias inyectadas implica más jeringuillas compartidas
A finales del pasado noviembre el Centro Europeo para el Control y la Prevención de las Enfermedades (ECDC), tras una visita al país, publicó un informe técnico en el que alertaba sobre los riesgos de este nuevo brote de VIH en un grupo que prácticamente apenas registraba casos antes del comienzo de la crisis. “Sin una acción decidida, el brote de VIH entre personas que se inyectan drogas no solo continuará, sino que existe el riesgo de que se difunda más allá de Atenas [la ciudad donde se concentran los casos]”, se lee en el informe de ECDC. El documento subraya que, “aunque el alcance de los efectos de la crisis financiera en el brote no está claro, es evidente que la crisis ha tenido un impacto sanitario y social significativo en la población de Grecia”.
Sí hay algunos síntomas de cómo ha podido influir la grave situación económica. Por ejemplo, en el tipo de sustancias inyectadas y en las formas del consumo. “Muchos no tienen ya el dinero de bolsillo que tenían antes y han cambiado el tipo de sustancia. Ahora usan cada vez más una droga que aquí se llama shisha”, explica Malliori. La shisha es una mezcla de metanfetamina en cristales y otros agentes químicos que ha entrado en el mercado griego de la droga en los últimos años. Una dosis sale por dos-tres euros en lugar de los 20 que cuesta una de heroína. Tiene los mismos efectos que la heroína, pero, a diferencia de esta, hace aumentar la predisposición sexual. Un efecto que, según los expertos, se combina con el hecho de que cada vez más adictos se prostituyen a cambio del dinero que necesitan para sus dosis. “Si alguien está infectado por el VIH, si se tiene en cuenta el aumento de relaciones sexuales del grupo de riesgo y el hecho de que comparten las jeringuillas, se entiende que no es difícil difundir el riesgo del contagio”, añade.
Detectar los nuevos casos tiene que ser una prioridad”
Informe europeo
El Gobierno ha anunciado una financiación de 18 millones de euros que, según Malliori, solo basta para pagar los sueldos de los trabajadores de los centros. La organización ha comunicado al Ministerio de Salud que para seguir necesita al menos 30 millones de euros, casi el doble de lo presupuestado.
Según el informe del ECDC, la mayoría de las personas que se inyectan drogas son desempleadas (el 72%), con una tasa de paro muy alta —sobre todo en Atenas— y el número de los que declaran no tener trabajo ha aumentado mucho en los últimos cuatro años. “La crisis ha golpeado a los drogadictos y a las organizaciones que ofrecen los servicios. También se ha exacerbado el uso de drogas y ha cambiado el tipo de droga. Una tormenta perfecta”, comenta Nikos Dedes, presidente de la ONG Positive Voice que, el pasado noviembre, abrió un centro para pruebas gratuitas de VIH gracias a la financiación recibida por una fundación benéfica estadounidense.
Una de las recomendaciones del informe europeo es que se amplíe el acceso a los centros para las pruebas diagnósticas del virus. “Detectar los nuevos casos tiene que ser una prioridad. La mayoría de nuevas infecciones llegan de personas que no sabían ser seropositivos”, añade Dedes.
Los acuerdos pactados por Grecia con la troika de los acreedores internacionales prevén una reducción del gasto sanitario hasta el 6% del PIB con respecto al 9,7% anterior a la crisis (la media de los países OCDE es el 9%). El dato es citado en el informe del ECDC, que en una de sus conclusiones subraya: “Hay que considerar que hay algunos paralelismos entre la situación de Grecia y la de otros países de la UE. Es importante subrayar que el brote registrado en Atenas no supone un riesgo directo para otros países. Pero, considerando los comportamientos de riesgo y la menor cobertura en prevención en varios países, así como problemas económicos parecidos que llevan a recortar los programas de prevención, brotes similares pueden registrarse en otros países”.

martes, 12 de febrero de 2013

Nuevo proyecto cinematográfico

Recojo de la páginca del profesor Pedro Olalla este proyecto: Alpha PDF Imprimir Correo
Alpha Nuevo proyecto cinematográfico

En un momento en el que todo cambia a nuestro alrededor, en un momento en que nuevas dinámicas transforman profundamente el arte, "Alpha" propone un modelo distinto de hacer cine, e, inspirándose en el mito de Antígona, se aventura entre nociones comprometidas como democracia, libertad, voluntad, responsabilidad, justicia, poder o estado, para hablar con voz propia sobre lo que sucede hoy en el mundo.

Estamos creando el primer largometraje producido en Grecia por el procedimiento de crowdfunding:

¿Quiéres unirte a nosotros para hacerlo realidad?

Toda la información AQUÍ


domingo, 10 de febrero de 2013

El abismo griego


Mariangela Paone

El país heleno empieza a cumplir los objetivos de la troika tras seis años de recesión a costa de extender la miseria entre la población. Este es el retrato humano de un país al límite.

Grecia, sexto año de la Gran Depresión. A menudo en este país, que se mira arrodillado al espejo, recorrer la distancia entre una vida normal y la indigencia es cuestión de meses. Es el caso de Yorgos Barkurris. Tiene 61 años, es informático y musicólogo. Habla perfectamente inglés y bastante bien español, que aprendió en Bolivia donde durante un año estudió la música tradicional del país. Hasta 2006 trabajó en el Ministerio de Exteriores. Luego, año y medio en una empresa. “Me despidieron al comienzo de la crisis”. Durante un tiempo tiró de ahorros. Cuando el dinero se acabó se fue a vivir a casa de amigos. Estuvo dos años. “Llegó un punto en que no quería ser un estorbo y decidí irme a la calle. El primer día estás bien. Das vueltas y tienes comida, pero no puedes dormir; el segundo día empiezas a pensar en el futuro y en qué pasará. Duermes unas horas, pero con un ojo abierto y el otro cerrado; el tercer día me entró una angustia tal que empecé a buscar un sitio adonde ir”.
Así llegó al hostal de Klimaka en Atenas, una ONG que tiene un programa de asistencia para personas sin hogar. “Llevo aquí un año y un mes”, recuenta. A su lado está Leo. “Catorce meses aquí”. “Catorce”, repite. El tiempo se cuenta con precisión cuando estás alojado en un sitio en el que nunca te hubieras imaginado que podrías haber llegado. A Leo solo le faltan dos meses para cobrar la pensión. A los 65 cumplidos se jubilará. Es pintor. Pinta iconos religiosos. La crisis comenzó en 2009. Lentamente empezó a perder dinero. “Hasta que me quedé sin nada. En agosto de 2011 me fui a la calle. Estuve ahí seis semanas”, dice Leo. Ha cotizado mucho en su vida laboral. “Según mis cuentas debería cobrar una pensión de 1.800 euros. Ahora, tras los recortes, me darán unos 820”, calcula.
A las puertas de la institución la cola de personas para pedir ayuda se ha multiplicado por cuatro en el año que Leo y Yorgos llevan refugiados allí.

El primer día en la calle estás bien. Das vueltas, tienes comida, pero no puedes dormir
Yorgos Barkurris
Los calendarios, que cierran balances y enmarcan nuevos propósitos, solo sirven en Grecia, en estas primeras semanas de 2013, para dar continuidad a la desolación que inunda el país. En Atenas las protestas son diarias. Cada sector, cada colectivo emprende su singular batalla contra los recortes. Y el pulso con el Gobierno sube de tono, como pasó con los trabajadores del metro que, tras una huelga de nueve días, fueron obligados a volver al trabajo por una medida de excepción. Al hartazgo por las subidas de impuestos con las que se ha abierto el nuevo año, se suma el miedo a no saber cuándo se volverá a ver un atisbo de normalidad.
El Gobierno, mientras tanto, luce optimismo. Después de meses de agónico tira y afloja con la troika de los acreedores internacionales, el ministro de Finanzas, el tecnócrata Yannis Stournaras, repite en las entrevistas que está convencido de que 2013 será el último año de recesión. Que lo peor ha pasado. Que el régimen de estricta austeridad al que el país ha sido sometido tras un doble rescate financiero, surte efectos. El objetivo de reducción de déficit para 2012 se ha cumplido. A partir de ahí, viene a decir, se puede mejorar. Márgenes para la mejora desde luego no faltan. En un lustro de recesión económica el PIB del país se ha contraído en un 20%. El paro roza el 27%.
Pero entre el optimismo del Ejecutivo y la vida de la mayoría de la población sigue habiendo un abismo.
Alexandra Djalilvandi, que tiene 38 años y está separada, no puede imaginar un año más como los dos anteriores. Ni para ella ni para su niña. No recibe subsidio por desempleo y debe salir adelante con el dinero que de vez en cuando le manda su hermano desde Estados Unidos y los 88 euros que el Estado le da cada dos meses por su hija de ocho años. “88,04 euros”, precisa. No se puede permitir siquiera el redondeo en sus cuentas.

En verano, Alexandra Djalilvandi repartía comida a los inmigrantes. Ahora ella solo recibe 88 euros cada dos meses
Para combatir el frío del invierno utiliza dos calefactores, hasta que les corten la luz. Lleva desde noviembre sin pagar y debe 450 euros. “Ya hace unos meses la cortaron. La niña tenía que estudiar a la luz de la vela”, cuenta. “No fui la única. Hay más casas que están sin electricidad”. El pasado verano, hace tan solo seis meses, Alexandra ayudaba a un grupo de solidaridad a distribuir comida a inmigrantes. Ahora es ella la que no sabe cómo dar de comer a su niña. “No soy racista, pero si hablas con la gente todos te dirán lo mismo. Hay paquistaníes, búlgaros, rumanos. Y yo no encuentro trabajo ni como limpiadora porque antes de escogerme a mí prefieren a una mujer bengalí. Le pagan menos y sin seguro”, protesta.
El seguro al que se refiere son los pagos a la seguridad social que permiten recibir asistencia sanitaria. En 2011 se introdujo un sistema de copago para las consultas y los medicamentos, también en los casos de enfermedades crónicas, para poder cuadrar los presupuestos. Los asalariados que pierden su trabajo se quedan sin cobertura tras un año de paro y los autónomos, en cuanto dejan de pagar. Alexandra, que antes de la crisis elaboraba informaciones para bases de datos, no la tiene desde hace dos años. Su hija tampoco. Como la mayoría de los 1,34 millones de parados en este país que no llega a los 11 millones de habitantes. Sin seguro, hay que pagar por las consultas y por ir al hospital. Por eso, cada vez que Alexandra tiene que llevar a su hija al médico recorre 50 minutos en metro y autobuses hasta llegar a Elliniko, un suburbio al sur de Atenas.
Allí desde hace un año, en las antiguas instalaciones de una base militar estadounidense, está la clínica social Elliniko. Mientras los hospitales públicos del país sufren escasez de materiales y falta de personal, con los médicos obligados a hacer turnos dobles y triples y enfermeras que se traen los guantes desde casa, este pequeño centro de salud, donde todo el personal es voluntario, es una isla de eficiencia. Aquí llegan los excluidos de la sanidad pública.

En la clínica social Elliniko trabaja personal voluntario para atender a los miles de griegos que se han quedado sin seguro
“Quería hacer algo. Me reuní con otros colegas y fuimos a ver al alcalde y a preguntar por la instalación. Y nos la dio. Pagan los gastos de luz y limpieza. Por lo demás no aceptamos dinero, solo donaciones”, cuenta el doctor Yorgos Vixas. Por la mañana es cardiólogo de la red del sistema nacional de salud. Por la tarde tiene consultas aquí. Hay pediatras, psicólogos, dentistas, ginecólogos… Para las pruebas diagnósticas se apoyan en centros que han decidido hacerlas gratuitamente a pesar de las restricciones. Para los medicamentos tienen una farmacia interna, que también funciona con donaciones.
“Hay gente que muere por no tener seguro. Hace media hora, aquí estaba una paciente con cáncer. Lo descubrió hace tres meses, en la lengua y en la garganta. La hemos mandado al hospital Sotiria [donde hay algunos médicos que aceptan pacientes sin seguro] para que pueda tratarse. Pero mientras tanto han pasado tres meses”, relata el médico. El 70% de los que acuden al centro son ciudadanos griegos. “Desde el punto de vista social, es gente que hasta hace seis o siete meses tenía dinero y trabajaba. Cuando llegan aquí no traen consigo solo su enfermedad sino también una situación psicológica dramática”, dice Vixas.
En su consulta tiene casos límite como el de Yorgos Papateodorou. Hace dos años era cámara y director de documentales. Entre el retraso de los pagos de los trabajos hechos y los 10.000 euros que ha pagado para curarse tras una intervención de corazón, ya no tiene para pagarse los medicamentos. Tiene que tomar ocho pastillas diferentes al día. Son fármacos vitales. Si no se lo dieran aquí, no sabría qué hacer. El doctor Vixas reconoce que con iniciativas como la clínica social de Elliniko existe el riesgo de crear una sanidad paralela. “Pero ¿qué hacemos? ¿Dejamos que la gente se muera? Por esto decimos a los que vienen que este es un lugar de curación, pero también de resistencia para que la gente tome conciencia y reclame sus derechos”.

La contaminación se ha disparado en Salónica ante la gran cantidad de leña que se quema. El gasóleo subió un 40%
Andreas es cardiólogo en el hospital de Tebas. Los recortes se han llevado 900 de los 2.700 euros que cobraba antes de la crisis. Mientras viaja en el tren que le lleva a Salónica para un congreso, cuenta cómo la depresión también ha llegado a los fakelaki, el sistema de sobres de dinero en negro que lubrifica las listas de espera en los hospitales o el trámite de documentos en la Administración. “Hay gente que se ha hecho rica con este sistema. Médicos que te pedían que les mandaras al paciente y que luego remitían a una clínica privada que les pagaba. Pero ahora los sobres se han reducido. No hay dinero ni para los fakelaki”, dice el especialista, que asegura que él no aceptó sobres.
El doctor pregunta por cómo están las cosas en España. “Si están tan mal como se dice”. Es una pregunta recurrente en Grecia. Y el comentario siguiente es, a menudo, el mismo. “Nosotros hemos tomado la delantera”, pero solo “estamos un par de años por delante”.
La situación es más grave en las ciudades. En Atenas, sobre todo, donde vive más de un tercio de la población de todo el país. Pero también en Salónica, la segunda ciudad griega, que tampoco ha escapado de los efectos destructivos de cinco años de recesión. La vista panorámica desde la parte norte hacia el mar se ha convertido en una de las fotografías más amargas de este invierno griego. La capa gris que se ve en el cielo en los días más fríos es otro efecto colateral de la llamada austeridad. Tras la subida de más del 40% del precio del gasóleo y el recibo de la luz, que a partir de 2013 es un 10% más caro, las estufas y las chimeneas, hasta ahora un objeto decorativo en los salones de la clase media, han vuelto a echar humo. Mientras los distribuidores de combustible hablan de una bajada del 80% de las ventas, se ha disparado el consumo de leña. Quien no puede comprarla quema lo que puede, incluso muebles. A principios de enero, frente a las peticiones de ampliar el número de beneficiarios de los subsidios para la compra de gasóleo, el ministro Stournaras afirmó que no era posible y pidió a los griegos paciencia un año más. “Si la malla empieza a estirarse perdemos la credibilidad que hemos empezado a reconstruir. Hemos fijado objetivos y tenemos que cumplirlos”, dijo.

La caída de la economía será menor, pero el paro puede llegar al 30%
Manos Matsaganis, profesor
En la parte alta de Salónica, la zona vieja de la ciudad, el olor a quemado empapa la calle. El Centro Nacional para la Prevención y el Control de las Enfermedades ha alertado sobre los riesgos del aumento de la contaminación causada por estos nuevos hábitos. La concentración de micropartículas en diciembre doblaba el nivel considerado aceptable, según un estudio de un grupo de investigación de la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad de Salónica.
En este ateneo, el más grande de todo el país, cuyo presupuesto ha sido reducido a la mitad, trabaja el profesor de Biología Eleftherios Eleftheriou. Hace dos meses junto a otros cinco colegas de otros departamentos fue encargado de investigar los efectos de la huelga de los servicios de limpieza que duró 70 días y llenó de basura los pasillos y las aulas de la universidad, llevándola al borde de la emergencia sanitaria. Los trabajadores del servicio de limpieza llevaban meses sin recibir el sueldo en una cadena de retrasos de pagos desde el Estado a la Universidad y desde esta a la empresa de limpieza. El profesor enseña las fotos que tiene guardadas en su despacho. Se disculpa por la imagen desagradable. “Pero no perdimos ni un día de clase. A pesar de todo intentamos que la universidad siguiera funcionando”, dice. Ahora, mientras esperan el dinero del presupuesto para 2013 para negociar el nuevo contrato, la situación es de casi normalidad, aunque el servicio no funcione al ciento por ciento.

Una de cada tres tiendas de la zona comercial de la segunda ciudad del país ha tenido que cerrar
La precariedad también afecta a otros aspectos del trabajo de Eleftheriou, el más veterano de los profesores de su Facultad. Él es también el responsable de entregar el material necesario para las prácticas obligatorias para los estudiantes. De una carpeta saca unas hojas donde tiene minuciosamente anotada la mísera contabilidad de su departamento. “Para el material, los microscopios, las lentes, he pedido el dinero el 12 de junio de 2012: 1.100 euros. A 31 de diciembre de 2012 solo habían llegado 465,57. En 2010 el presupuesto para los cursos prácticos era de 5.500 euros; en 2011, 2.000 euros. No podemos continuar todo el año así. Como mucho llegamos al verano con el material que tenemos”. En 2012 no ha recibido dinero para financiar investigaciones.
El profesor lleva enseñando cuarenta años. Tiene 65. Abre otra carpeta y muestra sus nóminas. En mayo de 2009 ganaba 3.050 euros netos. En enero de 2013 su salario se ha quedado en 2.165 euros. La nómina de febrero, tras nuevas tasas y recortes, es de unos 1.780. Las pagas extras han sido eliminadas.
A pocos metros de la universidad, tras un par de calles llenas de copisterías y bares para los estudiantes, vuelve la imagen desoladora de los carteles de “se vende” o “se alquila” en escaparates de establecimientos vacíos. Una de cada tres tiendas ha cerrado en la zona comercial de Salónica, según los datos de la Confederación Nacional del Comercio Griego. La dueña de un quiosco cerca de la universidad —“vendo periódicos pero no los leo porque me agobio”, dice— cuenta que hace poco su hijo le trajo una carta del colegio por si querían apuntarle a un programa de ayuda alimentaria. Desde hace unos meses el Ayuntamiento distribuye desayunos gratis en 54 escuelas de la ciudad y en diciembre incrementó el número de las raciones de 600 a 860.

En tres años, el sueldo de un profesor de la Universidad de Salónica ha pasado de 3.050 euros a 1.780 euros
“Grecia ha sido un experimento en el sentido que todas las medidas que se pidieron aquí no habían sido aplicadas en ningún país de la eurozona sin posibilidad de devaluar la moneda. Y si veías los efectos de lo que pasaba aquí tras aplicar las medidas podías decidir luego si las imponías enPortugal, Irlanda o Chipre. Y aunque son casos diferentes, también en España o Italia”, dice Manos Giakoumis, analista económico y director de investigación de la empresa de servicios financieros Euroxx. “Ha habido una tremenda consolidación fiscal, pero la recesión y la caída del PIB han destruido parte del ajuste. El grueso se ha obtenido hasta ahora recortando salarios y pensiones. Los resultados los logras desde el primer día. Pero tras los recortes que se han hecho, no puede haber más. Nadie aguantaría”, asegura Giakoumis.
El analista cree que si el discurso hacia Grecia a nivel europeo ha cambiado en los últimos meses es porque se han dado cuenta de que se había subestimado el esfuerzo fiscal y probablemente porque han tomado la decisión política de que Grecia se quede en el euro.
Sobre los efectos de las medidas de austeridad impuestas al país, Giakoumis tiene una opinión clara: “Vivíamos en una burbuja virtual. La mayoría de la gente no lo había entendido o porque no era capaz o porque no quería. En cualquier caso necesitaban algún tipo de medidas para recibir las ayudas. Esto no quiere decir que todo lo que se ha hecho con la austeridad es correcto. No lo es. Pero algo teníamos que cambiar. Y aplicar algo que alguien desde fuera nos hiciera aplicar”. Que hubo errores ya ha dejado de ser un tabú. A principios de enero, el economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), Olivier Blanchard, firmó un informe en el que se reconoce que se subestimó el efecto de los recortes del gasto sobre el aumento del desempleo y la caída de la demanda interior. No es la posición oficial del FMI, pero que el coautor del documento sea su economista jefe no es un hecho menor.

No todo lo que se ha hecho es correcto, pero algo teníamos que cambiar
Manos Giakoumis, analista 
¿El control del déficit basta para decir que lo peor ha pasado? “Lo que parece es que la caída de la economía será menor. En 2012 fue del 7%, y este año se prevé el 4%. Quizás en 2014 puede empezar la recuperación. Pero significa que mientras tanto el paro puede llegar al 30%. ¿Y cómo puede funcionar una economía donde una de cada tres personas no tiene trabajo y en la que solo 15 de 100 parados tienen alguna forma de subsidio?”, comenta Manos Matsaganis, profesor de Política Social y Trabajo en la Universidad de Atenas. Matsaganis ha estudiado las distorsiones causadas por las medidas de austeridad en el Estado social griego. Basándose en las estimaciones oficiales del Banco de Grecia, calcula que el salario medio en términos reales será al final de 2013 un 26% menor que el de 2009. Pero dice que atribuir los problemas de Grecia a Angela Merkel o a la UE, como se siente repetir en la calle, es “una falta de aceptación de responsabilidades”. “Lo que nos han impuesto son techos de gasto. Se podía recortar en una forma más equitativa. Y no se ha hecho. Pero en este caso también la reacción general de cada grupo de poder, pequeño o grande, ha sido ‘quiten las manos de lo que es mío”. Y añade: “Hay alguien que quiere que todo vuelva a ser como antes... Como antes de la crisis cuando parecía que las cosas iban bien y en realidad eran el mismo desastre. Yo no quiero que vuelvan a ser como antes. Creía que en el desarrollo de la crisis habría tres fases: el estado de shock, la depresión y luego la voluntad de intentar cambiar las cosas. Pero parece que aún estamos en las dos primeras fases”.
En la mesa de Alexandra están los cubiertos y nada más. Unas judías, que no llenarán los platos, humean en la pequeña cocina de casa. Se han quedado en la olla demasiado tiempo. Pero no hay posibilidades de cambiar de menú. Es un lujo de otra época. Alexandra ha dejado de buscar razones del porqué ha llegado al punto de no tener nada que poner sobre la mesa para comer. Lo que sabe es que antes de que la crisis empezara echaba un currículo y le salían diez trabajos. “Ahora echo mil y nada”. Hoy le ha llegado el cheque de su hermano desde Estados Unidos. Cien dólares, unos 70 euros. Calculando que intenta gastar no más de 50 euros por semana, tiene presupuesto para los próximos diez días. “Volver a como las cosas estaban antes” es para ella poder decirle a su hija que le preparará la lasaña de carne que le pide desde hace meses.

Violencia. Por Pedro Olalla

Domingo, 10 de Febrero de 2013 
Hoy día, mientras en las calles arden contenedores y en los parlamentos arden conquistas democráticas, lo políticamente correcto es condenar la violencia.
Puede que la violencia sea siempre violencia, pero los motivos de su utilización no son siempre éticamente iguales. No es la misma la violencia que se utiliza para abusar y agredir que la que se utiliza para defenderse de la agresión y del abuso. No es la misma la violencia nacida del racismo y de la discriminación que la que nace de la lucha contra ambos. No es la misma la violencia que se ejerce para imponer los intereses propios que la que se utiliza para defender el interés común. No es la misma la violencia que condena a la necesidad extrema que la que lucha desesperadamente por salir de ella.
Pero de todas las violencias, la peor es la de guante blanco: la ejercida desde el poder en favor de intereses particulares y al amparo de una falaz legitimidad democrática. La de gobiernos que, lejos de garantizar el derecho a la manifestación pacífica, gasean sistemáticamente a quienes tratan de ejercerlo para no sentirse cómplices de la injusticia; la de "representantes" de oídos sordos que no se atreven a asomarse siquiera a la ventana de su parlamento para ver que, desde hace ya tiempo, gobiernan de espaldas a una ciudadanía cada vez más desesperada; la violencia de estar mintiendo reiteradamente a esa ciudadanía y de escamotearle un referéndum para pronunciarse sobre pactos que la comprometerán durante largos años y que están siendo firmados en su nombre por gobiernos colaboracionistas de muy dudosa legitimidad democrática; la violencia de haber dejado a 30.000 personas sin hogar durmiendo entre cartones otro invierno más; la violencia de haber situado ya al 21% de la población del país bajo el umbral de la pobreza; la violencia de condenar a una generación al paro, a la emigración, o a la miseria de ser contratado por 500 euros y acribillado a impuestos; la violencia de cortar el suministro eléctrico a las familias mientras se subvenciona a fondo perdido a la banca; la violencia de que para ver cumplido el derecho fundamental a la vivienda haya que hipotecarse de por vida con los lobbies de la ingeniería financiera; la violencia de estar desmantelando el Estado social y democrático para pagar la insensatez de los políticos y el descontrol de la especulación; la violencia de estar enajenando la riqueza y la soberanía nacional ante la sumisión y el miedo de sus verdaderos dueños.
Ésa es la violencia que hay que condenar, la impune violencia de guante blanco, la violencia impoluta de los hipócritas que callan sabiéndose cómplices de un sistema que produce a manos llenas miseria, explotación, desigualdad, colonialismo, guerra y muerte, y que, sin embargo, hacen un consternado gesto de repulsa cuando ven volar una piedra o arder un contenedor de basura.
La Violencia, en su sentido original y etimológico, es una fuerza vital, un ímpetu: la fuerza que sustenta una idea, un argumento, un acto, un cuerpo, un estado, incluso una virtud. Violencia (Βία) era en la antigua Grecia una divinidad primigenia, que en las laderas del Acrocorinto compartía santuario con Ananke, la Necesidad; "conciliando violencia y justicia" ("βίαν τε και δίκην συναρμόσας") forjó Solón las leyes de la Democracia; y no olvidemos nunca que, en el fondo, la Justicia no es sino una violencia que trata de imponerse sobre el abuso y la desigualdad, una violencia que hay que hacerse a uno mismo para obrar conforme a la verdad y dando a cada cual lo que merece.
Es el uso de la fuerza, y no la fuerza misma, lo que la ética debe juzgar. Condenar la violencia siempre parecerá "políticamente correcto", pero mucho cuidado con la demagogia.

miércoles, 6 de febrero de 2013

El Gobierno griego termina por decreto con seis días de huelga de los marinos

El paro ha dejado las islas incomunicadas y con escasez de suministros de productos básicos

Es la segunda vez en menos de 10 días que el Ejecutivo recurre a una ley de emergencia


 Transbordadores amarrados en el puerto del Pireo. / Kostas Tsironis (AP)

La página web que informa casi al minuto de las huelgas y protestas convocadas en Grecia no da abasto para publicar actualizaciones. Por segunda vez en menos de dos semanas, el Gobierno griego ha invocado poderes de excepción para poner fin a seis días de huelga en el sector de la marina mercante, un paro que ha obligado a amarrar todos los transbordadores y ha paralizado el habitualmente incesante tráfico entre el continente y las islas, en un país con más de 15.000 kilómetros de costa y algo más de un centenar de islas habitadas permanentemente. La protesta ha provocado serios problemas de suministro de productos básicos a los isleños, una de las razones que han empujado al Ejecutivo a decretar la emergencia.
Con todos los puertos del país paralizados desde la semana pasada —y el consiguiente trastorno, aun en temporada baja, para cientos de turistas varados en tierra—, y tras el anuncio del sindicato convocante de prorrogar otras 48 horas la huelga, el Gobierno griego ha recurrido a la norma que hace dos semanas puso fin a nueve días de huelga en el metro de Atenas: la denominada movilización civil, una medida de excepción que contempla penas de cárcel de entre tres meses y cinco años para quienes osen desobedecer y mantengan el paro.
“Desafortunadamente, no hay margen para más discusiones. No hay ninguna razón para que la huelga continúe”, ha dicho el ministro de la Marina Mercante, Kostis Musurulis. El Gobierno había planteado ya este lunes el ultimátum, sin llegar a formularlo oficialmente, pero la orden de movilización no se hizo esperar: bastó que la central Confederación Panhelénica de Marinos (PNO, en sus siglas griegas) desafiase al Gobierno con prolongar hasta el próximo viernes la protesta, que en principio debía terminar a las seis de la mañana de este miércoles. La PNO, que ha instado a sus afiliados y simpatizantes a desafiar la orden del Gobierno, reivindica meses de sueldos impagados y la derogación de una ley que perjudica la alianza sindical. Los marinos reclaman también la negociación de un nuevo convenio colectivo y el fin del empleo precario –mano de obra sin papeles y sin asegurar-, una realidad común en el sector. Alrededor de 1.500 trabajadores afectados se han concentrado este martes en el puerto del Pireo, el mayor de Grecia.
Asociaciones de comerciantes y vecinos de varias islas llevaban días quejándose de la escasez de productos, así como de la cancelación forzosa de numerosas consultas médicas especializadas en otras islas o el continente. La Federación Nacional de Transporte de Mercancías había advertido asimismo de que el paro condenaba a la inmovilidad a cientos de camiones con carga, atrapados en los principales puertos del país.
La orden de movilización forzosa, una medida de excepción que se ha adoptado diez veces desde el restablecimiento de la democracia, en 1974, y que desde 2007 contempla también cualquier emergencia "en tiempo de paz", tiene la potestad de forzar el fin de una huelga o paro en caso de desórdenes civiles, desastres naturales o riesgos para la salud pública.
En solidaridad con los trabajadores de la marina, los dos grandes sindicatos del país habían convocado un paro de 24 horas para este miércoles en Atenas. La protesta de Adedy, el sindicato de la función pública, y GSEE, el gran sindicato del sector privado, amenazaba con dejar vacíos los recintos arqueológicos, museos, escuelas y hospitales de la ciudad.
Adedy y GSEE han convocado una nueva huelga general —la primera del año, pero la enésima desde que empezó la crisis, en 2010— para el próximo 20 de febrero.