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lunes, 28 de octubre de 2013

Petros Márkaris: «Estoy harto de escribir sobre la crisis»

22/10/2013

El escritor griego aprovecha la presentación de «Pan, educación, libertad» para pasar revista a la Unión Europea, al auge de los grupos neonazis en Grecia y al futuro político de su país

La crisis, adelanta (Estambul, 1937), Petros Márkaris no acabará con el comisario Kostas Jaritos, pero a punto ha estado de acabar con la paciencia y la salud del escritor griego. “Escribir una novela sobre la crisis no es como imaginar: has de mirarla con tus propios ojos, observar de una manera agotadora”, confesó ayer en Barcelona.
De ahí que, tras rematar su “Trilogía de la Crisis” con el reciente “Pan, educación, libertad” (Tusquets) y de sacarse de la chistera una cuarta novela que está escribiendo ahora mismo y que, a modo de epílogo, depurará responsabilidades bajo el título de "Roll Up Credits", Márkaris esté dispuesto a dar carpetazo a su relación literaria con la recesión. “Se acabó. No quiero escribir más sobre la crisis. Estoy harto de vivirla y de escribirla. Continuaré escribiendo novelas con Jaritos, pero no serán novelas sobre la crisis”, aseguró el autor griego durante la presentación de "Pan, educación, libertad", nuevo caso del comisario Jaritos en el que la novela negra se funde con ese futuro aún más negro que aguarda a la vuelta de la esquina.
Así, en "Pan, educación, libertad", Márkaris avanza en el calendario hasta 2014 para imaginar una Grecia en quiebra que regresa al dracma -España e Italia hará lo propio en breve con la peseta y la lira, respectivamente- y en la que empiezan a ganar terreno los grupos neonazis. Un ejercicio de ficción futurista que, sin embargo, se enreda, y de qué manera, con las raíces del presente. Ahí está, por ejemplo, el asesinato hace unas semanas del rapero antifascistaPavlos Fyssas a manos de miembros del partido ultranacionalista Amanecer Dorado.
"Desde hace dos semanas, hay un ataque importante contra Amanecer Dorado. Mañana se debatirá una ley en el parlamento para recortarles las subvenciones, así que como partido político está acabado, pero el problema está en qué harán los votantes. Hace solo dos días, una encuesta les daba el 9% de intención de voto", explicó el autor griego, quien ya adelantó que su próxima novela, la que convertirá la trilogía en tetralogía, seguirá explorando los errores de la llamada "generación politécnica", sí, pero también los de todos los griegos. “Todos y cada uno de nosotros somos responsables. Siempre se cree que la culpa es del otro, pero en democracia, la culpa es compartida”, subrayó.

La Desunión Europea

Exhausto tras la escritura de una novela que, confiesa, "ha sido agotadora", Márkaris planea apartar la crisis de su camino literario, pero, a la espera de que llegue ese día, sigue cargando con fuerza contra los pilares de la recesión, ya sean los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004 en el caso de Grecia -"fueron el principio del desastre, un proyecto megalomaníaco financiado con créditos que aún no se han devuelto", aseguró- o una Unión Europea que percibe cada vez más desunida y fragmentada. "No es problema del euro o del dracma, ni del euro o de la peseta; Europa se está fragmentando porque se está siguiendo una política errónea. Somos 16 países esperando a ver qué decide el gobierno de Alemania. ¿Alguien cree que una federación puede sobrevivir de esta manera?", explicó.
Admirador confeso de un Vázquez Montalbán que, asegura, le enseñó a encajar la política en la estructura de la novela negra, Márkaris ha ido un poco más allá y, además de retratar el trágico día a día de los ciudadanos griegos en sus novelas, se ha animado a sacudir el debate político de su país firmando junto a 57 políticos, intelectuales, académicos y escritores un manifiesto que aboga por reflexionar sobre la creación de una alianza de centro izquierda.
"Tenemos una coalición gubernamental de derechas y un partido de izquierdas, pero entre uno y otro no hay nada. Cualquier sistema que no tenga una alternativa en el centro no estará plenamente desarrollado. Si no tienes espacio político central, surgen la extrema derecha y la extrema izquierda", relató un escritor que, sin embargo, insiste en dejar claro en que no le interesa "la creación de un nuevo partido político". "No estoy involucrado en eso; estoy implicado en el debate que puede conducir a la creación de un espacio político central", explicó.

 Pan, educación, libertad. El último libro de Pétros Márkaris.

Reseñado por Miguel Ángel Gómez Juárez. http://megustanloslibros.blogspot.com.es/ 

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Pan, educación, libertad de Petros Márkaris (ed. Tusquets, 2013) es la culminación de la denominada Trilogía de la Crisis. Después de Con el agua al cuello y Liquidación final, el comisario Kostas Jaritos se enfrenta a un nuevo y complejo caso en medio de una Grecia que camina a pasos agigantados hacia el abismo.Con gran maestría, el autor vuelve a deleitarnos con una entretenida trama policíaca al mismo tiempo que realiza un certero retrato de la caótica situación que sufre el país heleno y que se extiende al resto de países del sur de Europa.
La novela comienza en un futuro inminente, la Nochevieja del 2013, con Grecia declarada en quiebra y preparándose para la transición del euro al dracma. España sigue los mismos pasos y una salida similar se le presenta a Italia. Cuando la situación parece que no puede ir a peor, el Consejo de Ministros acuerda la suspensión de pagos durante tres meses, por lo que Jaritos y su familia tendrán que apañárselas para apretarse el cinturón y sobrevivir durante ese tiempo sin el sueldo. Adrianí tomará las riendas de la familia y usará todo su ingenio para adaptarse a una situación que afecta tanto a ellos, como a su hija Katerina y su yerno.
En medio de una situación social caótica, con las protestas en aumento, la aparición de grupos neonazis, las fuerzas policiales desmoralizadas pero en alerta máxima para impedir los disturbios y la sociedad improvisando iniciativas solidarias, Jaritos se interesará por un cliente al que defiende su hija Katerina, el hijo de un rico contratista detenido por tráfico de drogas. Katerina solicita su ayuda porque tiene muchas dudas sobre el caso y hay piezas que no encajan.
La aparición de un cadáver complicará aún más un caso que llevará a Jaritos y su equipo a una investigación que les hará retroceder hasta Los Hechos de la Politécnica en 1973, cuando los estudiantes se rebelaron contra la dictadura militar, una época negra a la que Grecia parece haber regresado.
La trama resulta todo un acierto, y está protagonizada por un equipo policial atípico, con escasos medios, resignados a no cobrar el sueldo, pero con el propósito de resolver un caso que profundiza nuevamente en lo más hondo de la corrupción instalada en el país heleno, mientras sus habitantes sufren las consecuencias de vivir en una sociedad “que busca las cifras y descuida a las personas”.

Ficha técnica

Páginas: 256 PVP: 18€
Traducción de Ersi Marina Samará Spiliotopulu
Estamos en un futuro inminente: en 2014, Grecia se declara en quiebra y regresa al dracma; no tarda en seguirle España, que vuelve a la peseta. El comisario Kostas Jaritos y su familia tendrán que apretarse el cinturón: no van a ingresarle la nómina durante tres meses, y quizá no tenga ni para gasolina. Paralizada la economía, empobrecido el país, sólo aumentan las protestas y algunas iniciativas solidarias de los jóvenes, pero también la violenta amenaza neonazi. Así las cosas, aparece asesinado un rico contratista de obras, un hombre ya maduro que participó en los «Hechos de la Politécnica», en 1973, cuando los estudiantes se rebelaron contra la dictadura militar. Junto al cadáver, un teléfono móvil emite el lema que los estudiantes voceaban en aquella época: «Pan, educación, libertad». ¿Ha regresado Grecia a esos negros tiempos? ¿Siguen siendo válidas aquellas reivindicaciones? Jaritos, con su diezmado grupo de ayudantes, intentará esclarecer ese asesinato, que le llevará a hurgar entre la clase empresarial, universitaria y sindical que ha dirigido el país en los últimos cuarenta años..

La iniciativa “Café Pendiente” en Atenas

Fuente: Blog, "Panorama griego". http://www.panoramagriego.gr
Hace ya un año que en Grecia se ha puesto en marcha la acción solidaria “Café Pendiente” que hoy cuenta, solo en Atenas, con veinte establecimientos. Consiste en pagar por anticipado un café o cualquier otro producto que podrá consumir cualquier persona que lo necesite y no tiene los medios para pagarlo. 

El primer Café Pendiente se sirvió hace un siglo en Nápoles, con el nombre de “caffé sospeso” y con el fin de que todo el mundo pudiera combatir el frío de Nápoles con un cafetito caliente. La idea resurgió, los últimos años, en varios países europeos; pero esta vez no para combatir el frío sino para aliviar a mucha gente que por la crisis se vió sumergida a la pobreza absoluta. 

Las redes sociales enseguida difundieron la iniciativa y la respuesta de la gente fue amplia e inmediata. En este momento 162 empresas en 112 ciudades del mundo llevan en sus puertas el conocido ya logo de la taza humeante de color naranja. 

El propulsor del proyecto en Atenas fue la revista Sjedía, editada por los “sin techo” de la capital griega. Pues,gracias a su iniciativa está ya funcionando la red de la initiativa del Café Pendiente a la que, por el momento, están adheridas 20 cafeterías, pero se extiende continuamente. Su éxito depende de nosotros. Es una propuesta a la que nos podemos sumar todos, ya que es un gesto generoso, simple y de bajo coste. 

La incurable enfermedad de Atenas

La decadencia de la ciudad se ha ido larvando poco a poco, desde antes de la crisis. Se desvanece el recuerdo de lo que fue y en el camino pierde su sustancia y la belleza paradisíaca de sus noches.

Pétros Márkaris. 27 octubre 2013

 

      Atenas está en vías de convertirse en una sombra de sí misma. Los barrios parecen descuidados y abandonados y a menudo ofrecen estridentes contrastes sociales. Una gran parte del lustre que se obtuvo con los Juegos Olímpicos se apaga.
      Atenas se muere. No de un ataque al corazón, sino de alzhéimer. La ciudad pierde su memoria, ya no reconoce su entorno y cada vez tiene menos contacto con la gente que vive en ella. La memoria de la ciudad se desvanece poco a poco; Atenas está perdiendo los cimientos de su existencia. Esta merma de los recuerdos afecta sobre todo a los barrios de clase media y de la pequeña burguesía. 
     Quien circule por sus sombrías calles verá las hileras de tiendas y comercios cerrados, llenos de pintadas salvajes. El ejemplo más impresionante de este deterioro se observa en la avenida Patisíon, una de las más viejas y extensas. En ella, la clase media realizaba tradicionalmente sus compras. Hoy, uno de cada dos comercios está vacío. Los escaparates aparecen cubiertos de pegatinas y anuncios de viviendas desocupadas que aguardan inútilmente algún inquilino.
     Los peatones caminan sin prestar atención ni mirar hacia esos espacios vacíos. Si se les preguntara qué clase de comercio había antes allí, responderían desconcertados: “¿Ropa, quizá?”, o “¿Zapatos?”, solo porque la mayoría de estas tiendas se dedicaban a la moda o eran zapaterías. ¿Quién puede comprar todavía hoy ropa o zapatos en Atenas? Según las estadísticas, el 80% de los atenienses ya no está en condiciones de costear su vida.
    En casi todas las zonas residenciales del centro puede verse la misma imagen de desolación. El barrio de Kypseli, donde vivo, fue hasta los años ochenta la zona residencial de la clase media. Ahora se ha convertido en un barrio de inmigrantes, habitado sobre todo por africanos. En las aceras próximas a mi casa escucho con frecuencia hablar en francés, pero apenas veo a jóvenes de mi país. 

El griego lo hablan solo los jubilados.
En las aceras de mi barrio apenas veo jóvenes de mi país.
El griego solo lo hablan los jubilados

No hay que buscar las raíces de este éxodo en la crisis actual, sino en la época de la riqueza ficticia. A mediados de los ochenta, los ciudadanos de clase media ya no querían seguir respirando el aire contaminado del centro urbano, y también estaban hartos de los ruidos y los permanentes atascos. 

Pero, ante todo, querían vivir como nuevos ricos, de modo que abandonaron sus zonas residenciales para mudarse a los barrios periféricos. Solo se quedaron en el centro los pensionistas y algunos artistas e intelectuales que no pudieron o no quisieron abandonar sus viviendas, por razones económicas, pero también por razones de fidelidad.

       Más adelante se produjo la gran oleada de inmigración. Para los inmigrantes, esas zonas urbanas abandonadas fueron una bendición. Y no es cierto lo que decían los habitantes que seguían viviendo en esas zonas, sobre todo los pensionistas: que sus inmuebles habían perdido valor por culpa de la llegada de los inmigrantes. Los inmigrantes se trasladaron allí porque las viviendas permanecían vacías y los alquileres eran muy baratos.
      Aquellos propietarios que no vendieron sus viejas casas ahora están haciendo un buen negocio. Las alquilan a la vez a varios inmigrantes que viven solos, y cada uno de ellos paga 30 euros al mes aproximadamente. Esos propietarios se embolsan de este modo un alquiler mensual claramente más elevado que la media. Mientras, los inmigrantes duermen por turno en esas casas. Se trata de dinero negro. Estos alquileres no se declaran a Hacienda y los propietarios no pagan ningún impuesto.

       El predominio de la inmigración ha transformado estas zonas en enclaves de racismo. Y puesto que ni el Estado griego ni la ciudad de Atenas han sabido o podido desarrollar una política racional sobre la inmigración o sobre la ciudad, estos barrios se han convertido en bastiones del partido neonazi Aurora Dorada. Los ancianos y jubilados tienen miedo de los inmigrantes. Los neonazis los protegen. Los acompañan al banco para evitarles supuestos asaltos, y por las noches duermen cerca de ellos para que se crean seguros.

       Suelo pasear por el casco viejo de mi ciudad. Es la zona más hermosa de Atenas, al menos del centro, no solo por la Acrópolis o el antiguo cementerio del Cerámico, sino porque es también la parte más vieja de la Atenas moderna. Fue erigido en los años treinta del siglo XIX, en parte por arquitectos alemanes, durante la época del dominio bávaro en Grecia. Por ejemplo, Ernst Ziller construyó el Teatro Nacional de Atenas y la Oficina Central de Correos; y el Palacio Real, hoy sede del Parlamento, es obra de Friedrich von Gärtner, el arquitecto de la corte del rey de Baviera.
Tras la marcha de los bávaros, la ciudad vieja perdió paulatinamente su encanto hasta quedar abandonada a su suerte. Pero en los años ochenta del pasado siglo fue sometida a una rehabilitación integral. En 2004, durante los Juegos Olímpicos, había recuperado todo su esplendor. No se reparó en gastos para renovar antiguos edificios. Se construyeron nuevos hoteles, que contaban con hacer un buen negocio con los espectadores de las pruebas deportivas. Las expectativas no se cumplieron y desde entonces todo ha ido cuesta abajo. Muchos hoteles del centro tuvieron que cerrar por falta de clientes.
La delincuencia, el tráfico de drogasy las prostitutas han tomado los alrededores de la plaza Omonia.

      El recuerdo más notable de esos años es la zona peatonal que arranca del templo de Hefesto y discurre a lo largo de la Acrópolis. A la derecha se halla la colina de las Ninfas, a la izquierda la Acrópolis y cuando se llega al final de este paseo aparecen las columnas del templo de Zeus. La crisis y la ruina han pasado de largo de esta zona turística. El paseante que camina hoy día por la ciudad vieja no ve ninguna diferencia apreciable. Es cierto que el número de inmigrantes ha aumentado en el centro, pero esto no tiene nada que ver con ninguna nueva oleada de inmigrantes, sino con el desempleo. Los emigrantes se desplazan de un lado a otro y buscan trabajo desesperadamente.
       Esta zona, que apenas se ha visto afectada por la crisis, es el barrio de Plaka, situado al pie de la Acrópolis. Junto con el resto de la ciudad vieja, Plaka fue sometido a una costosa renovación. Las tabernuchas desiertas y los bares musicales más baratos cerraron y los propietarios de viviendas obtuvieron facilidades para rehabilitar sus casas. Los precios de los inmuebles aumentaron y hoy Plaka es un barrio elegante, habitado por empresarios ricos; sobre todo, armadores.

        He tenido la fortuna de viajar mucho a lo largo de mi vida. No conozco ninguna otra ciudad que se transforme tanto durante la noche como Atenas. En realidad, los atenienses viven en dos ciudades: en una Atenas diurna y otra nocturna. Seguramente solo soportan el infierno de contaminación, ruido y atascos de tráfico porque por las noches se les conceden unas horas en el paraíso. La oscuridad logra esconder el desagradable rostro diurno de Atenas, levantado a base de bloques de cemento en la época del “crecimiento griego”, en los años cincuenta y sesenta.

       La crisis ha terminado con esta Atenas nocturna. Desde las nueve de la noche, uno camina por calles vacías y ve colas de taxis que aguardan clientes inútilmente. Muchas tabernas y restaurantes ya solo abren los sábados; en muchos rincones de la ciudad vieja los sin techo se sientan para comer su escaso pan. Lo peor está en los alrededores de la plaza de Omonia, convertidos en una zona de delincuencia y ocupados por traficantes de droga y prostitutas extranjeras, controladas por la mafia rusa. Las calles que tienen locales para jóvenes también están llenas durante la semana. Con una botella de cerveza en la mano, estos se sientan en la acera delante de los bares y disfrutan de la música que sale del interior de aquellos.
       Estas áreas urbanas que han perdido la tranquilidad nocturna son las antiguas zonas de la clase media y la pequeña burguesía del centro. Casi todas las noches se registra en ellas algún altercado callejero. A veces son culpa de los neonazis de Aurora Dorada, que van a la caza del inmigrante. Otras, de las bandas de inmigrantes, que se pelean entre ellas para asegurarse un rincón donde traficar con estupefacientes. A ello se suma la policía, que lucha inútilmente en ambos frentes para restablecer el orden. Mientras tanto, las reyertas urbanas se producen también en la ciudad vieja.

       Tengo dos amigos que viven en Agios Panteleimon, el peor barrio de todos. Uno es músico; el otro, crítico de cine. Los dos dicen lo mismo: ya no se puede vivir allí. No obstante, allí siguen, como otros artistas y gentes de la cultura. Intentan hacer la vida un poco más soportable mediante centros culturales y otros proyectos. Es su manera de luchar contra el alzhéimer. Pero, como sabemos, el alzhéimer es una enfermedad incurable.
      
        Petros Márkaris (Estambul, 1937) es el autor de las novelas policiacas protagonizadas por el inspector Kostas Jaritos. Pan, educación, libertad (Tusquets) es la más reciente.

martes, 21 de mayo de 2013

Productos alimenticios griegos: Pasta griega


La pasta es un producto natural característico de la dieta mediterránea. La variedad de combinaciones culinarias con pasta es enorme y cubre todo el espectro de gustos y necesidades nutricionales. Grecia produce muchos tipos de pasta, ya que los griegos ocupan el segundo puesto en el consumo de pasta después de los italianos. 
El origen de la pasta es una historia compleja llena de leyendas y contradicciones. La teoría que adjudica el descubrimiento de la pasta a Marco Polo quien, según ella, la introdujo a Italia, en el s. XIII, de vuelta de uno de sus viajes de China, parece ser rechazada por los investigadores. 

La primera referencia a la pasta data del año 1000 a. C. y se localiza en varios textos de la Grecia antigua donde la palabra “láganon” (λάγανον) describía una masa aplastada de harina y agua, cortada en tiras largas. Esta pasta fue trasladada a Italia por los primeros colonos griegos, alrededor del s. VIII a. C., donde se denominó “laganum” que no era otra cosa que las actuales lasañas. 


Este hecho certifican varios escritores latinos, como Cicerón, Oratio y el conocido gastrónomo Apicio del s. I d. C., supuesto autor del libro De Re coquinaria que constituye una fuente de la gastronomía romana, quien describe varias comidas imperiales con “laganum”. La palabra “lagana” ha sobrevivido en Grecia hasta hoy y se refiere a un tipo de pan de forma aplastada. 
Sin embargo, la única muestra palpable de la existencia de la pasta nos la ofrecen las pinturas murales del s. IV a. C., halladas en un pueblo etrusco, al norte de Roma, donde se representan varios instrumentos e utensilios para la elaboración de la pasta. 

Actualmente, en Grecia, hay decenas de diferentes tipos de pasta y, por supuesto, decenas de maneras para prepararla. Algunas contienen huevos y leche, pero la mayoría es una simple mezcla de sémola de trigo, agua y sal; además, se elaboran en un sinfín de formas y tamaños. Tradicionalmente, se solía preparar y secar la pasta al final del verano. 
Las mujeres siguen siendo los guardianes de la receta tradicional de la pasta. Pero, aparte de la elaboración doméstica, se han formado en todo el país varias cooperativas para la promoción y comercialización de los productos de pasta hechos a mano. Dichas cooperativas, los últimos años, han hecho una entrada dinámica al mercado de pasta griego, llegando incluso -algunas de ellas- a disponer sus productos en el mercado internacional también. 
Los tipos de pasta más populares, y por tanto de mayor consumo, en Grecia son: Jilopites,  tzolia, fideos que pueden ser largos y finos como el fettuccine italiano o tener la forma de pequeños cuadrados, kritharaki, pasta con forma de arroz y, por último, el trajanás el cual merece una mención especial dado su uso generalizado; es un producto granular, parecido al bulgur, elaborado a base de trigo molido y leche o yogur adquiriendo, en este caso, un sabor agridulce. 

Aparte de estos tipos, hay muchas más formas de elaboración de la pasta siendo las más conocidas aftudia, flomaria, sufixtá, triftudia, etc. 

Los platos de pasta son entre los más favoritos para los griegos y casi no faltan de su alimentación diaria. Se preparan casi siempre con aceite de oliva y tomate y pueden ser acompañados de verduras, pescado o carne.

Obra de teatro: "Entre tinieblas"

INSTITUTO CERVANTES DE ATENAS  -  RECOMENDAMOS


Representación de teatro


22-23.05.2013


 “Entre tinieblas”

por
 
ANIMA EX MACHINA
   
El grupo de teatro  "Anima Ex Machina" tiene el placer de invitarles

a la representación de la  obra de Pedro Almodóvar y Fermín Cabal

“Entre tinieblas”

dirigida por Yannis Petsopulos

que tendrá lugar el 22 y 23 de mayo a las 21:00 horas,

en el teatro ARGO (C/Elefsinion 15,  Metro Metaxourgio).

La obra es en español con una narración en griego. 

Precio de entrada: 5€

Más información sobre:


Los “Anima Ex Machina”: www.animaexmachina.weebly.com

El teatro ARGO: www.argotheater.gr


Dulces de Navidad

Dulces de Navidad.
La Navidad está ya muy próxima y he pensado en publicar recetas de dulces típicos griegos. Las recojo del blog La Pasión Griega. Los dulces los cocinó la profesora Vicky Rouska y las fotografías las hizo Nikos-Emmanuel, autor del estupendo blog mencionado.
¡¡Estos dulces están riquísimos!! Καλή όρεξη!! ¡¡Que aproveche!!

CURABIEDES Y MELOMACÁRONA

CURABIEDES

Ingredientes:
1 taza de mantequilla
1 taza de manteca para cocinar
1/2 taza de azúcar en polvo
un poco de vainilla
1 taza de almendras tostadas y picadas
4 ó 5 tazas de harina
agua de rosas
azúcar en polvo para espolvorear

Elaboración:
1. Poner la mantequilla, la manteca y el azúcar en un cuenco y batirlo todo hasta que se forme una masa blanca y esponjosa
2. Añadir dos tazas de harina, la vainilla y las almendras.
3. Amasar todo suavemente, añadiendo toda la harina que acepte todavía la mezcla, hasta obtener una masa suave y esponjosa que no se pegue en los dedos.
Tendremos cuidado de no amasar demasiado la mezcla para que los curabiedes que obtengamos resulten esponjosos y no apretados.
4. Cortar la masa en trozos y darle, con la mano o con un molde, las formas que más nos gusten (medias lunas, estrellas, flores...)
5. Alinear los trozos en una bandeja de horno, dejando espacio entre ellos, e introducirlos en el horno precalentado a 175ºC durante 30 minutos, aproximadamente.
6. tras sacarlos del horno, colocaremos los curabiedes sobre un papel encerado que habremos espolvoreado con azúcar en polvo. Si se quiere, se pueden pulverizar los curabiedes con agua de rosas.
7. Con un colador grande, espolvorear abundantemente los curabiedes con azúcar en polvo. Después, cubrirlos completamente con un paño.
8. Cuando se enfríen, colocarlos en una fuente.

Las tazas que se indican como medida son de té y equivalen a unos 250 gr
Los curabiedes se pueden conservar durante un mes en una caja metálica de galletas.
Las almendras se pueden sustituir por nueces o avellanas.



MELOMACÁRONA

Ingredientes:
1 y 1/2 taza de aceite de oliva
1/2 taza de manteca de cocinar
1 taza de azúcar
3/4 de taza de zumo de naranja
1/4 de taza de coñac
2 cucharaditas (de café) de ralladura de naranja
2 cucharaditas (de café) de baking powder
1 cucharadita (de café) de bicarbonato sódico
8 tazas de harina

Para el almíbar:
2 tazas de miel
2 tazas de azúcar
2 tazas de agua

Para la cobertura:
1 y 1/2 taza de nueces picadas finas
1 cucharadita (de café) de canela molida
1/2 cucharadita (de café) de clavo de olor

Elaboración:
1. Mezclar con la batidora los 6 primeros ingredientes.
2. Poner la harina, el bicarbonato sódico y el baking powder, bien mezclados, en un bol de amasar.
3. Abrir un hueco en el medio y verter los ingredientes líquidos, previamente mezclados con la batidora.
4. Tomar poco a poco la harina de alrededor y unirla a la mezcla del centro. Amasar suavemente hasta obtener una masa homogénea.
5. Separar la masa en trozos pequeños y darles forma con moldes de diferentes diseños o con las manos.
6. Colocar los melomacárona en una bandeja de horno y hornear a 175ºC durante unos 30 minutos, hasta que queden bien dorados.
7. Mientras tanto, preparar el almíbar hirviendo la miel con el azúcar y el agua durante 5 minutos.
8. En cuanto salgan del horno, sumergir los melomacárona en el almíbar. Cuando lo hayan absorbido, cubrirlos con la mezcla de las nueces picadas, la canela y el clavo, y colocarlos en una fuente para servirlas.

Las tazas que se indican como medida son de té y equivalen a unos 250 gr
Los melomacárona se conservan durante tres semanas a temperatura ambiente.



Vicky Rouska siguió las recetas al pie de la letra y elaboró los maravillosos dulces que se pueden ver en las fotografías.

Nikos-Emmanuel hizo las fotografías e intenta, con más paciencia que un santo, que los dulces lleguen intactos hasta el día de Navidad.



ΚΑΛΕΣ ΓΙΟΡΤΕΣ!
¡FELICES FIESTAS!


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